Superar la muerte de un ser querido es sin duda la experiencia más dura de nuestra vida. Depende de la cercanía emocional con el difunto, por supuesto, y de otros factores, como la personalidad o el apoyo social que se tenga, pero aún así es un suceso traumático y que pone en vilo todos nuestros valores como personas.

Los duelos no tienen que ser por muertes necesariamente, sino que corresponden a cualquier tipo de pérdida de algo importante y que forme parte de nuestra identidad. Hay personas que acuden a un psicólogo por una separación, por un despido, por la pérdida de un estatus económico, incluso personas que al envejecer no aceptan que se acabaron etapas de sus vidas muy concretas. En general duelo es despedida.

Los procesos de duelo ser caracterizan por el proceso de asumir la pérdida tanto a nivel de concepto (acepto que ha muerto) como a nivel emocional (vivo el dolor de la pérdida hasta que al fin pasa).

Etapas del duelo

Generalmente, las conocidas etapas o fases del duelo son ciertas, son muy, muy comunes:

  1. Negación
  2. Negociación
  3. Ira
  4. Tristeza
  5. Aceptación

En ocasiones ocurre que una persona ha pasado por una de estas fases en minutos u horas, con lo cual puede haber pasado desapercibido a los demás, pero si han tenido lugar. Esto no significa que si no se pasan exactamente así haya algún problema.

superar la muerte de un ser querido

superar la muerte de un ser querido

Cuando un duelo va mal

Los indicadores de que algo va mal habitualmente son:

  • Relación de dependencia con el difunto
  • Sentimientos de culpa real o irreal
  • Sentimientos de reproche por no haber ayudado
  • No querer cambiar nada del difunto pasados los años o cambiarlo todo en 24 horas
  • No hablar nunca del muerto o hablar todo el rato
  • Muertes muy inesperadas o de personas muy jóvenes
  • Muertes por suicidio (avisado o no)
  • Muertes por procesos de demencia o enfermedades terminales o muy largas
  • Si el superviviente se enfrasca sin fin en demandas e investigaciones
  • No volver al trabajo o a las costumbres habituales pasado un cierto tiempo

En estas ocasiones las personas suelen necesitar la ayuda de un psicólogo, de una terapia para la pérdida de seres queridos que les ayude a retomar de una forma sana el contacto con la vida.

En ocasiones el problema radica en el hecho de que se mezclan muchas emociones y no solo el dolor como cabría esperar. Se mezcla la rabia contra el muerto si es suicidio, o si pudo haber evitado la muerte (conduciendo borracho o cansado), o simplemente por el sentimiento de abandono. Se puede mezclar la culpa por sentirse aliviado (en enfermedades largas o demencias), se pueden hacer severos reproches si fue un accidente, se puede mezclar la necesidad de conocer las causas, si son borrosas.

El objetivo de la terapia no es, como se podría pensar, “forzar” a la persona a olvidarse de su amigo o familiar, sino a darle un lugar de amor en la memoria retomando la vida normal. Verdaderamente, ni aunque se quisiera se podría olvidar a alguien a quien se ha querido mucho, pero si es necesario promover una memoria agradecida, sana y sin culpas o reproches.

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